Ya no quiero ser profesor


 

  Ya no quiero ser profesor.

He cumplido una década como profesor de nivel básico en un colegio particular y aún mi trabajo actual. Cuando llegué ahí, fue con miedo e incertidumbres. Los días, meses y años me fueron formando hasta que los obstáculos minimizaron las preocupaciones mientras el crecimiento ganaba terreno junto a la experiencia.


Han ocurrido situaciones óptimas: buenas, alegres y también lo contrario; todos esos momentos se han acumulado tantas cosas como para contarles hasta el empacho. 

El tiempo entre aulas,  útiles, normas, personas, actividades dentro y fuera del plantel crearon eventos relacionados con el comportamiento humano. De lo bueno, pude saciar el alma con resultados positivos en vez de sentir el vacío que sobra y finalmente encontrar sentido de “estabilidad” y dirección en mi vida en medio de la pedagogía; de lo malo,  los largos períodos de experimentación para obtener la sensación de que todo marchaba bien y sin contratiempos, pero no siempre fue del así del todo. Identifiqué el origen de las circunstancias que no fueron apremiantes; continuaba asumiendo que formaban parte de los retos que aparecen en el camino. Lo que enrarece a la duda, son los efectos colaterales que pusieron en riesgo a las personas: alumnos, padres y personal escolar. Del tipo que sólo desea perjudicar a sus semejantes.


“Si esto amenaza a los profesores, que se esfuerzan contra todo obstáculo ya no quiero ser profesor”


Me uní a esta clase de vida porque los que me invitaron a este barco confiaron en mi talento muy a pesar de las condiciones adversas. Me redescubrí intentando dar todo día a día para progresar.


Antes de concluir, ya venía pensando prematuramente con miedo; pues los daños que asumimos por efectos de tenacidad no son viables de manera continua, hay altos y bajos momentos. 


Ahora, lo terrible es abandonar un espacio de trabajo y mirar atrás para sentir el desconsuelo y la insensatez de como somos tratados cuando las intensiones han sido ayudar a crecer un sector de la población que sin miramientos pasará de largo y te olvidarán. Aunque la memoria es un reto orgánico que puede mostrar fallas biológicas intentaré no olvidar nada, porque así fui enseñado de joven.


Tirar la toalla me pone triste. No quiero dejar de enseñar, pero al ya no desear ser maestro me parece indeleble. Lo llevo como tatuaje irremediable.


Comentarios

Entradas populares