Mis pies descalzos.
Mis pies descalzos
Cuando era un niño muchas veces mis padres me pedían que cuidara de mí mismo porque llegaría el día en que ellos ya no podrían. Y los reclamos eran variados. Uno de tantos era no caminar descalzo porque pescaría un resfriado y enfermaría, sobre todo si era invierno. Que los pies están calientitos por el calzado puesto y pierde temperatura pronta si los descubres. Enfrías rápidamente los dedos hasta que se tuercen.
Mi abuela materna Virginia, era autóctona originaria de algún lugar en Tantoyuca Veracruz, y como muchos de ellos caminaban en los ejidos, descalzos, condicionados y acostumbrados a caminar así. Al igual mi madre; parte de su infancia experimentó lo mismo. Ella me mostraba la planta de los pies y vaya que era notorio las condiciones en que se encontraban. Hoy, a sus 72 años ha perdido sus piernas por una amputación designada por los médicos especialistas al sugerir que ya no había rescate posible para salvaguardarle sus extremidades inferiores.
Mis pies, aún están a salvo. Aunque confieso contarles que, me gusta estar descalzo de vez en vez cuando tengo calor. Al hallarme en casa, lo hago siempre y cuando sepa que no enfermaré. Procuro que el suelo de mi casa este bien barrido, que no se encuentre des prolijo y polvoreado. Haber cuidado mis pies desde pequeño me hizo costumbre y sensibles a cualquier cosa diminuta que detecte con ellos. Pisar impurezas me pone todo maniaco al caminar descalzo.
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