Un lugar sin ventanas II



Deja huellas donde puedas
 

Todos formamos parte de algo importante y no sabemos. Nos toma tiempo averiguar a lo que nos enfrentamos. Quizás estamos al comienzo de eso que necesita respuestas o tal vez estemos en medio. La pregunta es difícil de responder si no hemos averiguado en qué parte nos hallamos. 


Creo que inicia cuando tenemos la primera pista.


Me miro en el reflejo de las cosas tratando de hallar un detalle en la mirada de mis ojos, como tratando de entrar en mí sin obstáculos o cerrojos que lo impidan pero no hay éxito. Mi reflejo está del otro lado del espejo, suspirando emocionado como si encontrara el secreto, está ahí y no lo veo!, no me veo. Al paso de los días intento notar en cada rincón al que me detengo a mirar y sólo llego al mismo punto como en un laberinto existencial, y me pregunto: ¿Qué es lo debo hacer?. 


Se me ocurrió mirar a travez de la ventana. Desde el mismo lugar donde no las hay. Estoy dentro, y sé que puedo mirar a mi alrededor, y sé que puedo abrirlas sin que estén ahí. Mi mente es mi hogar, rodeado de los míos. Ellos querrán saber la respuesta después de que ya haya salido y me encuentre al final de la ventana, donde los secretos son claros y un enigma para ellos. Esta analogía simbólica de la ventana es más bien una lupa con la que sería fácil observarnos y encontrar los secretos que abordamos.


Hijos, familia. No quiero encontrarme en medio de la ventana, quiero abrirlas para ustedes y que me vean pasear sin que el marco de ellas me limite y qué me vean caminar por un bosque feliz y radiante, entre aves y maleza. Entre sueños y recuerdos. 


Pero no quiero que suceda aún, no hasta revelarles los misterios que Dios ha puesto en mi camino para ustedes.


Un día después de tantos acumularé muchos detalles  mientras están a mi lado y se pregunten, ¿qué con ellos?, ¿cuáles son?

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