Un lugar sin ventanas



    En décadas (1985-1995), mientras vivía en la casa de mis padres (aún lo hago), durante mi infancia,  había carencia de muchas cosas; entre ellas unas ventanas dignas; de vidrio, metal o madera. Nuestro hogar era de madera y láminas de cartón negro. Era un niño de siete años y ya estudiaba el grado de primaria en la Escuela Arenal, cerca del aeropuerto. Lo describo de esta manera porque sólo contábamos con mosquiteros. 

    Para lograr una evolución en la construcción del hogar, las ventanas sólo contaban con un marco de madera, un travesaño horizontal en la parte media por la cual se le hacían pasar en su estructura unas varillas corrugadas dispuestas en serie vertical; parecían sacadas de una de una película de prisión western para evitar llamar la atención a los amantes de lo ajeno.


En temporadas invernales usábamos tachuelas para sujetar un plástico que forra la ventana. En épocas de lluvias y tormentas además del plástico colocamos maderos sobrantes que mi padre, siendo albañil, le sobraran de la obra.


Un día, de muchos otros, durante una tormenta muy potente, se escuchabas sonidos ensordecedores de muchas especies de anfibios reclamando a la naturaleza su temporada de apareamiento y quizás con la protesta de mucha lluvia para completar su ciclo de vida. Ante una tempestad desatada, se abrieron las cubiertas de las ventanas por forcejeo y deterioro contra la intemperie, y se desató un caos dentro de mi habitación; agua y viento por todo ángulo, que se volvió en una memoria clave en mis recuerdos. En cuanto a las ventanas, así pasaron remedios contra tales eventos de forma continua por efecto de falta de recursos, organización, planeación y descuidos.


Existían temporadas en que necesitábamos energía eléctrica aquellos días en que estrenamos cómo nuevos colonos en la colonia: Las Violetas, Tampico Tamaulipas. No todo era desagradable porque, al no haber malos climas estas eran abiertas de par en par durante las noches sin necesidad de ventiladores eléctricos. Dormíamos junto a ellas al esplendor de las noches bajo un cielo despejado y estrellado como la misma inmensidad estelar del cosmos. En ocasiones lunares, la protagonista era la gran Luna junto a los sonidos de la noche en medio de un bosque. Extraño esos días.

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