Los que se han ido, y los que están por irse.
Los que se han ido, y los que están por irse.
Se dice: “que hay momento para todo, y la muerte no es la excepción.”…sigo esperando.
No hay prisa por morir, tampoco es una desolada aspiración existencial, sino una preocupación como parte de la cotidianidad de la condición humana, y que puede decirse de muchas maneras.
A cierta edad madura, cuando la humanidad nota que envejece, comienza a sentir vulnerabilidad ante la muerte como si antes o durante el transcurso de vivir no sucediera. Notamos y sentimos la partida; ausencia de algunos.
Recuerdo el sepelio de varios conocidos, familiares y amigos, mas no me sentí triste por ellos. Parecía como haber sido invitado a una fiesta sin regalos, más que el derroche justificado de caras tristes y lágrimas imparables. No había para que sumarse a la condescendencia grupal por el que murió. Ahora, es distinto. Cada deceso me ha puesto en aquel lugar donde fui inmune, y ahora se siente en cada poro y pensamiento.
¿Como reprochar que ellos se han adelantado para irse sin que los demás hubiésemos pensado en preguntar si estaban listos o si nos compartirían sus planes?. Sencillamente y con vacío en nuestro interior la despedida era como una triste sensación a falta de algo, ellos.
Esta condición humana es absolutamente impredecible, no hay manera de escapar, nadie en este planeta se ha equivocado al decirlo. No objeto entrar en debate esta humilde opinión, sino recordarles que nada es para siempre, ni el tiempo mismo.
¿Qué nos espera del otro lado?,…Felicidad que aterra y me da miedo enterarme.

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