LA DE OJITOS NEGROS
La
de ojitos negros
Me abruman los pensamientos del
subconsciente cuando sueño; cuando me encuentro extraviado entre lo onírico y
mis deseos. Despierto con sonrisas que se desvanecen poco a poco y entre
tristezas que susurran una clase de destierro. Algunas veces con alegrías que
disfruto tanto, pero otras con lo opuesto.
Si me preguntarán que ha sido lo mejor
de estar vivo, respondería que lo mejor es cuando no estoy despierto, aunque
signifique estar en “jaque” durante el sueño.
Me apropié del semblante femenino de una
adolecente cuando estudiaba en la escuela secundaria; con la memoria y con el
entusiasmo de sobra que cualquier adolescente en pos del enamoramiento y una desgastante pero tenaz persecución Platónica.
Recuerdo la mirada profunda de unos ojos
grandes y negros que robaron un poco de mi alma; acompañada de aquella
silenciosa risa de unos labios delgados y rosados que brillaban
cuando me sonreían. Ahora ha quedado atrás aquella señorita, la de ojitos negros.
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